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Lunes, 09 de octubre de 2006

Mi mundo

Hoy es uno de esos días en los que te apetece mirar el pasado, recordar todo lo que ha sido tu vida y escribirlo en algún lugar. Supongo que debería empezar desde el comienzo de todo. Desde que era un pequeño experimento de mujer.

Mi vida siempre ha sido bastante rara, desde bien pequeña la gente no acababa de aceptarme. Tenía mucha imaginación y siempre me estaba inventando historias y juegos raros. Uno de esos juegos me hizo alejarme más de las otras personas. Cuando miro al pasado y lo recuerdo, me doy cuenta que fue algo ridículo y absurdo lo que me hizo ser tal y cómo soy ahora.
Todo ocurrió un día que estaba jugando con mis compañeros de clase, no recuerdo exactamente a qué, pero diría que jugábamos a pilla pilla.Tenía la costumbre de decir que era un gato, supongo que fue a raiz de ver "Los Aristogatos". Me lo tomaba muy en serio. Realmente quería llegar a ser un felino y perderme entre los tejados de los edificios.

Un niño me empujó y yo le arañé en la cara. El niño comenzó a llorar y a decirme gata. Desde aquel día todos mis compañeros me llamaron así.
Muchas veces no me dejaban participar en sus juegos o se iban cuando yo me acercaba. "Viene la gata" decían, y se iban corriendo. Mi juego preferido se convirtió en toda una pesadilla.

Yo siempre había sido una persona poco sociable y eso me afectó muchísimo. A medida que fue pasando el tiempo me fui dando cuenta que cada vez estaba más y más lejos de todos los demás. Me di cuenta de que era "diferente".
Por si ya tenía poco con lo de "gato", di un estirón y me engordé.
Encima sacaba buenas notas y era demasiado confiada. Pensándolo bien es toda una contradicción, si todo el mundo me hacía daño debería haber comenzado a pasar de ellos y no confiar en nadie, pero no, no podía hacerlo. Siempre confiaba en todo el mundo de forma ingenua.

En el colegio comenzaron a llamarme "embarazada". Cogí bastante complejo, la verdad. Recuerdo uno de los peores días de primaria y puede que de toda mi vida.

Iba a quinto, en aquella epoca vino una chica nueva a clase. Se llamaba Rocío, era rubia, bajita y tenía los ojos verdes. La mayoría de los chicos estaban loquitos por ella, la verdad es que me daba un poco de envidia.
Al poco tiempo de que llegara nos hicimos amigas, vivía en la portería de al lado de la mía y íbamos juntas al colegio. Una tarde la invité a merendar a mi casa.
Lo recuerdo todo a la perfección, recuerdo que jugamos al Street Fighter de Super Nintendo y recuerdo que cometí un gran error; le dije que me gustaba un chico de clase.
Me sonrío, "Te gusta Jordi eh, no te preocupes, no se lo diré".
Jordi era un chico guapísimo, moreno de ojos verdes y algo bajito -aunque quizás no lo era tanto, pero como yo era muy alta me lo parecía.
Después de unos días, como por arte de magia, este chico vino a mi mesa y se me declaró. "Me gustas mucho Yu, ¿quieres salir conmigo?"
me quedé flipando, un chico tan tan guapo no podía decirme eso en serio. Se lo conté a "mi mejor amiga" llamada Antonia y ella también flipó, al final le dije que sí.

Estuvimos "saliendo" dos semanas, en ese tiempo la gente siempre que pasaba por mi lado se reía. Yo ni siquiera llegué a plantearme el porqué.
Era muy feliz, aunque el chico a penas me hablaba o se acercaba a mí.
Después de ese tiempo, un día vino riendo y me dijo que me dejaba. Moviendo los dedos a forma de tijera dijo "cortamos" con una gran sonrisa en su rostro, justo después fue corriendo hacía Rocío y le dijo "ya la he dejado, ¿ahora saldrás conmigo?".

Fue algo muy impactante para mí.

Me pasé toda la noche llorando, no entendía por qué me habían hecho eso. Después de aquello todo en mi vida paso a ser totalmente diferente. Perdí toda la confianza que podía quedar en mí y estuve bastante triste.

Mis padres nunca supieron nada de todas estas cosas, alguna vez le dije a mi madre que se metían conmigo en el colegio, pero no le dieron importancia. Tampoco les conté lo del chico y otras muchas gamberradas que me hicieron. La verdad es que dejé de contarles todo y si les contaba algo era inventado para que no se preocuparan.

En aquel verano decidí adelgazar, comencé a comer menos y dejé de beber bebidas con gas. Me adelgacé muchísimo, quizá demasiado. Tuve suerte de que naciera mi hermano y nos cambiaramos de piso. Me cambié a un colegio público (siempre había ido a colegios de monjas) y conocí muchísima gente nueva.

Igualmente no me sentía satisfecha, tenía algo pendiente. Me compré un vestido tejano cortito y me fui a la peluquería de mis tíos. Me dirigí a aquel odiado lugar, como una niña totalmente nueva por fuera, me senté en la puerta y esperé a que salieran todos.
Muchos de mis odiados enemigos se quedaron mirándome como si les sonara. Yo les saludé. "¿Quién eres?" me dijo uno de ellos, le sonreí, "me conoces".
Se hizo un cúmulo de gente conocida, no me reconocieron. Supongo que debe chocar ver a la chica gordita de clase delgada. Cuando les dije quien era se quedaron parados pero me trataron genial.
Fue la primera vez en mi vida en la que me di cuenta de que a veces lo único que importa es el físico. De que no importaba lo mala persona que fueras, sino cómo fueras.

No volví nunca más.

Por desgracia, hubo una segunda vez, con la cual acabé por confirmar este hecho.





Por: Yunae Tsukino | Vivencias | Comentarios (0) | Referencias (0)

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